Obra pictórica  
 
 



Maud Dowley Lewis
(1903-1970)
 

 

Nacida un 7 de marzo en Ohio del Sur, provincia de Nueva Escocia, está considerada una de las artistas folclóricas más conocidas de Canadá. Las primeras obras de su carrera artística consistieron en tarjetas navideñas, que posteriormente vendería. Sufrió artritis reumatoides desde su juventud. Su madre, Agnes, pintaba, esculpía y tocaba varios instrumentos, inquietudes artísticas que transmitió a su hija, que desde muy pequeña comenzó con el piano pese a que una artritisreumatoide muy severa, que marcaría toda su existencia, deformaba gravemente sus manos. La enfermedad acabó por apartarla del colegio, donde era objeto de burlas de muchos de sus compañeros. Aislada en casa, música y pintura alimentaron su creatividad durante largo tiempo. Contaba 33 años, cuando se trasladó a vivir con su tía Ida, inflexible mujer que pretendía tenerla enclaustrada, que se olvidase de la pintura y que se dedicase a las labores domésticas. Además, su entorno no le era favorable, que asociaba la discapacidad física de Maud con la intelectual.

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La artista contrajo matrimonio en 1938 con Everett Lewis, vendedor de pescado de Marshalltown. Residieron en la pequeña casa de una sola habitación que Everett tenía en Marshalltown, cerca de Digby. La vivienda serviría a la artista también como estudio. Maud solía acompañar a su marido en las rondas diarias de venta de pescado, en las que ella ofrecía sus tarjetas de Navidad por veinticinco centavos cada una. Creativa y autodidacta, Maud refleja la vida rural, los animales y la naturaleza que le inspiraban. Unas imaginativas y sencillas obras de arte sin figuras humanas, con la excepción de unos pocos cuadros en los aparecen Everett y ella misma. En sus largas horas de soledad, mientras él sale a vender pescado, Maud irá transformando su entorno y sacando a la luz la artista que lleva dentro. Pinta cada rincón del interior de la vivienda y pequeños tarjetones muy coloristas que, a través del boca a boca, pronto adquieren notoriedad en la zona. Everett la animó a pintar y le compró su primer conjunto de óleos. En el último año de su vida, Maud permaneció en su hogar, pintando tanto como podía, con continuas visitas al hospital. Murió en Digby, de neumonía el 30 de julio de 1970. Nueve años mas tarde lo haría su marido, asesinado por un ladrón durante un intento de robo en su domicilio.

Maud Lewis empleaba colores brillantes en sus pinturas, y los sujetos a menudo eran flores, cuadrillas de bueyes, caballos, pájaros, ciervos o gatos. Muchos de sus cuadros muestran barcos navegando, caballos tirando trineos, patinadores en el hielo o retratos de animales. Sus pinturas se inspiraban en sus recuerdos infantiles de los paisajes y las gentes de Yarmouth, Ohio de Sur y lugares de Digby como Point Prim y Bayview. La mayoría de sus cuadros son de dimensiones bastante reducidas, normalmente no más de 20 por 25 centímetros, aunque se sabe que realizó al menos cinco que medían más de 60 centímetros. El tamaño en general estaba limitado por la extensión que podía realizar de sus brazos. Utilizaba principalmente tableros de pared y tubos de Tinsol, hechos a base de aceite. La técnica de Lewis consistió en primero recubrir el tablero de blanco, luego dibujar un contorno y posteriormente aplicar pintura directamente. Nunca mezcló o combinó colores.

En una segunda fase y a medida que su popularidad va tomando cuerpo se atreve con lienzos más elaborados. Los medios de comunicación se fijan en esta peculiar artista que comenzó vendiendo sus cuadros por unos pocos dólares pero que en poco tiempo pasó a ser objeto de atención de expertos. Comenzó a recibir numerosos y a partir de 1945 viajeros y turistas comenzaron a detenerse en la casa de Lewis en Marshalltown, cercana a la Carretera Nacional 1. Sólo en los últimos tres o cuatro años de su vida, comenzó a vender los cuadros por entre siete y diez dólares. Logró la atención nacional, en 1964, por un artículo publicado en la revista de Toronto Star Weekly y en 1965, apareció en un programa de éxito en la CBC Television. En la década de los setenta, durante la presidencia de Richard Nixon, la Casa Blanca adquirió dos de sus pinturas por más de 16,000 dólares. Desafortunadamente, su artritis le impidió cumplir muchas de los encargos que recibió en los últimos años de su vida. En la actualidad, la obra de Maud cuelga en colecciones y museos de toda Norteamérica, siendo valorada dentro del mundo artístico como una de las pioneras fundamentales del Arte Naif. En la actualidad, la cotización de sus pinturas va en aumento..

Tras la muerte de Maudie y su marido, la vivienda decorada enteramente con pinturas de Lewis, empezó a deteriorarse. Un grupo de ciudadanos de la zona de Digby fundaron la Lewis Painted House Society, con el único objetivo de salvar el inmueble. En 1984, la casa fue vendida al Gobierno de la provincia Nueva Escocia y entregada al cuidado de la Galería de arte de Nueva Escocia en Halifax. Dicha entidad la restauró y la instaló en la galería como parte de su exposición permanente sobre Maud Lewis. En el mismo lugar donde se emplazaba su casa en Marshalltown, se erigió una construcción en acero conmemorativa, basada en su cabaña y con las mismas dimensiones. Fue diseñada por el arquitecto Brian MacKay-Lyons. En 1999, también, un pescador jubilado, llamado Murray Ross, construyó una réplica de la Casa Maud Lewis, incluido todo su interior completo colocada a unos pocos kilómetros al norte de Marshalltown en el camino hacia Digby Neck en Seabrook.

 


La vida de Maudie ha sido adaptada al cine, en la película de 2016 "Maudie, el color de la vida" protagonizada por Sally Hawkins y Ethan Hawke. El guion fue escrito por Sherry White y fue dirigida por la irlandesa Aisling Walsh. El rodaje se llevó a cabo en la localidad de Keels y en la bahía de Trinity, en la Isla de Terranova.

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Obra seleccionada


Three Black Cats



Oxen in Spring



Cape-Islander



Carriage and dog


Deer in Autumn

Model T om tour


Smiths cove


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Humming bird



Yellow birds


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La artritis reumatoide la dejó desde niña con el mentón pegado al hombro, con andares zambos. Para levantar la vista al frente combaba la espalda, haciéndose aún más minúscula. Pero aguantaba la mirada, sonreía a cuanto tuviera delante: adversidad o la tempranísima orfandad; miraba con tanta tenacidad que desoyó a todos y pintó, y su pintura naif, color plano, paisajes vibrantes sin profundidad ni una sola sombra, le trajo la admiración de muchos y algo más importante, saberse capaz e independiente. rota..