Obra pictórica
 
 



Louise Elizabeth Vigée-Le Brun (1755-1842)

 

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Textos: Inmaculada de Andrés, marzo 2014
M
ás de 600 retratos convirtieron a una joven francesa de familia de artistas en una de las retratistas más importantes de su tiempo y de toda la historia del arte. Inmortalizó a los principales miembros de la realeza y la nobleza europea. Las cortes francesa, inglesa y rusa se rindieron a su talento pues puso sobre el lienzo los rostros de los más destacados personajes de su época.



Nació en Paris en 1755. Su padre Louis Vigée, importante retratista y profesor de pintura no solo la enseñó sino que la alentó a que siguiera sus pasos. Ademas de esta influencia contó con las enseñanzas de otros maestros de su época como Jean-BaptistJean-Baptiste Greuzee Greuze. Su círculo artístico se completó con su matrimonio. En 1776 se casaba con Jean-Baptiste-Pierre Le Brun quien también era pintor y merchante de arte. Su fama por sus retratos llega a Versalles. La reina Maria Antonieta la invita a palacio y le pidio que la retratara, sería la primera de una larga lista de retratos de todos los miembros de la familia real. Pese a la oposición que ejercieron los hombres de la Real Academia de Pintura y Escultura una orden del rey presionado por su esposa Maria Antonieta decidió su admisión en 1783 junto a Adelaide Labille-Guiard. El estallido de la Revolución Francesa obliga a la pareja a huir de su tierra. Durante un largo periodo viajan por media Europa, Países Bajos, Italia, Rusia… Elisabeth retrató a personajes tan destacados como Catalina la Grande. Además de la Academia Francesa fue admitida como miembro de la Academie Royale de Peinture y Sculpture, de la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo o la Societe pour l'Avancement des Beaux-Arts de Ginebra.
Vuelve a Francia durante el reinado de Napoleón I donde consigue adentrarse en su corte para luego marchar a Londrés donde permanecerá 3 años retratando a personajes célebres entre ellos a Lord Byron.

 

Sus retratos tienen un encanto inefable. Complacen a todo aquel que los mira. puede ser que carezcan de profundidad psicológica o de una mirada crítica, pero se contemplan con verdadero placer. En ellos se aprecia fácilmente la fórmula de su éxito. Su capacidad pictórica y su halagadora plasmación del sujeto. Vigee no sólo utiliza el óleo, también el pastel con suma precisión; el carboncillo y la tinta. Estas mismas cualidades técnicas se pueden apreciar en los muchos autorretratos que hizo de sí misma. Lo que llama la atención en el retrato, además de la simplicidad del planteamiento, que se centra únicamente en su sujeto, es el color: la perfecta armonía del rojo, el blanco y el negro, y la sombra del marrón que todo lo envuelve, otorgan al cuadro una vivacidad equilibrada con la sobriedad del atuendo y el tocado, para nada acordes con la “moda” reinante en ese momento.

 

 

 

Este gusto por la sencillez del atuendo fue reflejado por Vigee en el famoso retrato de María Antonieta “en camisa”(1783), que provocó un escándalo cuando fue exhibido públicamente.





 

 

 

 

 


Entre sus autorretratos que son muchos son dignos de destacar los realizados junto a su hija Julie, en este se dice inspirado en la "Virgen de la silla" de Rafael.

 

 

 

 

 





En Italia, en 1790, pinta las dos versiones de su más famoso autorretrato: el llamado 'Degli Uffizi'. Vigee se muestra en el acto de pintar (se ha sugerido que a María Antonieta, es el que regala a la ciudad de Florencia; y a su hija Julie, en otro que irá a parar a Inglaterra; incluso se habla de una tercera versión en litografía en que el retratado es Rafael Sanzio, aludiendo a la relación de la pintora con Italia). En la época era muy frecuente hacer varias versiones o copias de un mismo cuadro. Aquí la vemos pintando, y no sólo posando con la paleta y los pinceles: sino en el acto de crear. De nuevo resalta la naturalidad de la imagen El infantil rostro, el menudo cuerpo cubierto con un sencillo vestido negro y una cinta roja; el cuello, blanco, sobresale y enmarca las dulces facciones, así como el sombrero blanco, de gasa, y los puños blancos que resaltan las manos de la artista. La expresión es anhelante, como de inquietud gozosa. De anticipación ante la obra que prepara o ejecuta. Para entonces, Vigee tiene 36 años y se retrata con el mismo juvenil aspecto que en el retrato de 1780.

 



En ese mismo año, Vigee ejecuta al carboncillo uno de sus retratos más melancólicos, aunque su carácter no era pesimista. El trabajo tiene la delicadeza y la seguridad del trazo de los mejores dibujos de la escuela italiana.

 

 

 

 

 

 


E
l retrato de 1800 del Hermitage muestra a Vigee en plena madurez, de nuevo con la mano en el lienzo, pintando. Cubre sus rubios cabellos parcialmente con un pequeño turbante en el que predomina el color blanco mezclado con tonos dorados que trasladan nuestra mirada a las joyas, que a su vez nos llevan al pecho y finalmente a la mano, en una contemplación ondulante que nos conduce a la pintura: a la mano de la pintora como otro centro focal, tan importante como el rostro. De nuevo vemos la combinación preferida: negro el vestido, el lazo rojo, el blanco del tocado. Y la expresión sonriente, amable e inquieta.. El lienzo se nos presenta aún virgen, no como en los autorretratos de 1790. Establecida ya su importancia en un nivel continental, Vigee ya no necesita referencias. El juego de la luz: el suave pero marcado claroscuro invertido de la pared y el rostro, es interesante. Así como la presencia de las sombras del rostro y de la mano sobre el lienzo, que reflejan maestría

 

 


E
n los dos viajes que lleva a cabo por Suiza, entre 1808 y 1809, Vigee dibuja paisajes, como en su etapa italiana. Llegó a pintar más de 200.

 

 

 

 




Y
a en su adolescencia pintó retratos alegóricos interesantes: los de la Pintura y de la Poesia y el de la "Virtud dudando". Así como cuadros "galantes" destinados a los gabinetes secretos, como las "Bacantes"

 

 

 

 

 

De 1808 es el último autorretrato al que me referiré: retrato puro, sin alusiones. Del fondo oscuro surge la cara sonriente de una mujer más rolliza, pero hermosa, alegre, con el cabello corto, rizado, en tonos cobrizos, segura de sí misma en su vestido rojo.

 

 

 

 

 

Vigee ha sido considerada narcisista. ¿Acaso no tenía derecho a serlo? Mujer que desde sus inicios consigue el éxito, y constante trabajadora en su oficio; viajera, esposa y madre. He aquí su retrato. Sin adornos, parece una mujer contemporánea. Entre 1835 y 1837 publicó sus memorias recientemente editadas. Fue una de las artistas femeninas más famosas y también de las más denostadas sobre todo por ser autora de algunas de las más grandes obras pictóricas de propaganda política del siglo XVIII al servicio de una idealizada María Antonieta.

 

Cemetery

"ici, enfin, je repose…" (Aquí, al fin, descanso…)
Estas palabras están en su lápida en Louveciennes donde fue enterrada. Dejó su pincel el 30 de Marzo de 1842.

 

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